Sueña el rico en su riqueza, que más cuidados le ofrece; sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; sueña el que a medrar empieza, sueña el que afana y pretende, sueña el que agravia y ofende, y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende." Pedro Calderón de la Barca

Amanecer

De todas las definiciones que he encontrado para la palabra despertar la que más me ha inspirado es: «cobrar plena conciencia, percatarse y apreciar».

Es probable que muchos de vosotros estéis de acuerdo conmigo si os digo que los tiempos de aprendizaje, transformación y crecimiento en nuestra vida a menudo van acompañados de estos «despertares».

Aquellos momentos en los que parece que las piezas de puzzle que teníamos guardadas van encontrando su sitio, encajan una tras otra de forma natural en los huecos que durante tanto tiempo intentamos rellenar sin fortuna.

Y así, el mosaico de nuestra vida que en otros tiempos se encontraba desdibujado y fragmentado, comienza a cobrar sentido. Descubrimos la belleza del regalo que se nos ha hecho y florecen en lo más íntimo de nuestro ser las respuestas que desde siempre anhelábamos.

El corazón palpita con mayor intensidad y todos los sentidos captan matices que antes pasaban desapercibidos. Recordamos sabores olvidados, disfrutamos del placer de saborear; el olor a tierra mojada y a hierba recién cortada, a la piel de un bebé y al rocío de la mañana; escuchamos de nuevo las canciones que nos vieron crecer y aquellas que nos hacen vibrar. Nuestra piel cobra vida, se emociona, habla: «necesito tocar y ser tocada».

Y finalmente, nuestros párpados se abren, la luz entra dulcemente dilatando las pupilas para que ningún detalle se escape. Todo se llena de color y claridad, disipando toda duda. Es en ese mismo instante cuando los puntos de nuestra vida se unen. Ahora comenzamos a descubrir el sentido  y  propósito por el que estamos aquí.